
A veces lo simple parece complejo, pero probar no cuesta nada... Así comenzó este trabajo.

Una amiga me llamó para que le arreglara el jardín de la casa que acababa de alquilar. La dueña tomó la decisión de llenar su jardín de escombros (desechos de demolición), porque cuando llovía el agua se juntaba en el centro y no escurría.

Haylin (mi amiga) me preguntó si la podía ayudar. Fuimos a ver el jardín y le comente que me gustaría ordenar lo que ya había en el lugar sin comprar nada y trabajando lo menos posible y en el menor tiempo. Ella acepto y comenzamos el trabajo.

Lo primero que se hizo fue marcar con los escombros más grandes el mismo dibujo que había dejado el relleno. Si se observamos bien las dos imágenes, el dibujo del contorno original es el mismo final.

Luego se continúo separando los escombros por color y material, uno por uno: ladrillos rojos por un lado, los de cemento por otro y azulejos y baldosas por el otro.
Una vez hecho el dibujo principal, se nos ocurrió hacer un camino que conectara dos puntos y para evitar pisar el césped. Para este utilizamos los escombros de cemento. Seleccionamos los escombros de cemento más chicos y y una vez que estos se acabaron se seleccionaron unos un poco más grandes y así sucesivamente hasta agotarlos.
Los escombros de cemento tienen el color o material de la mampostería por un lado, pero por el otro son solo de cemento y esto los hace parecer a todos iguales.

Una solución rápida para terminar el camino era ir a una carpintería y conseguir viruta (desechos que dejan las máquinas que trabajan madera. Este es grátis). Con ella se rellenó el sector que faltaba de camino.

Una vez que el camino se finalizó quedó una isla central que se relleno con tierra y brotes de césped que se sacaron del contorno del camino. Esta tierra se quitó para que el agua que seguía quedando se guiara hacia el desagüe.
Siempre se siguió con las formas naturales que quedaban con el material utilizado. Una vez que la tierra se acabó continuamos con el ladrillo colorado.
Solo quedaba el centro por rellenar, para esté se hizo un pozo de unos cuarenta centímetros de diámetro y se plantó un árbol nativo.
Este árbol fue plantado de semilla en un vaso desechable y tiene un cuidado de un mes y medio aproximadamente (anterior a este trabajo). Para que el árbol se desarrollara mejor le agregamos un poco de hojarasca a la tierra. Esta la conseguimos de los desechos del jardín vecino.
Como la tierra no alcanzó a cubrir todo el espacio, se agregaron algunos pequeños azulejos de color blanco.

Un último detalle fue aprovechar un charco que generaba el desagüe del techo y se le colocó una piedra grande en el centro que estaba en el jardín y se la rodeó con piedritas que también ya estaban en el lugar.
También utilizamos una mesa con sillas y sobrilla que ya tenían en la casa.
El trabajo se desarrolló en 16hs y el costo fue el mismo que hubiese ganado un trabajador por dos jornales. Se utilizaron para este trabajo una pala, una cuchara de albañil un escobillón para barrer, un tacho de basura para recoger los escombros y paciencia.
Ahora solo resta esperar que la naturaleza haga su trabajo, le de fuerza al césped y al árbol para crecer, agregar alguna flor que se encuentre por ahí... y disfrutar de este espacio.
Gracias a Haylin y a su compañero Yarlex por confiar y permitirnos hacer esta experiencia...
Esta imágen se tomó una semana después de finalizar el trabajo. Este mismo día agregamos un esqueje de la planta Santa Rita que el vecino estaba podando y unas flores, también de esqueje que podamos del jardín que tiene la casa en su entrada.
Como podemos ver el césped ya creció bastante y la viruta se mantiene muy bien luego de una lluvia amazónica.